19 días y 500 noches, la cumbre de Sabina

19 días y 500 noches, la cumbre de Sabina

1999. Joaquín Sabina prepara nuevo disco, el último de una década mágica que se abría con el tremendo Física y Química (Mentiras Piadosas es, en el fondo, ochentero) y que se mantenía suspendida en el aire, con la misma excelencia, tras Esta boca es mía y Yo, mi, me, contigo. El reto del nuevo elepé, qué gran palabra, es doble: superar al susodicho trío de ases y limpiar el borrón de Enemigos íntimos, su alianza con Fito Paez; borrón que hoy, echando la vista atrás, podríamos discutir. El resultado es historia de la música española: 19 días y 500 noches. Una cumbre en la carrera del andaluz que está de vuelta porque celebra con una reedición especial el hito de haber vendido un millón de copias.

19 días y 500 noches no es solo un disco especial en la carrera de Sabina por la envidencia de su calidad, sino que representa también el que posiblemente ha sido el mayor salto del cantautor: aceptar su voz. Lo cierto es que recuerdo como si fuera ahora mismo el momento en que escuché por vez primera la canción que da título al trabajo. Era en la mítica La Gramola, del no menos mítico Joaquín Guzmán; él mismo lo avisó antes de darle al play: el Sabina que íbamos a oír no era el Sabina habitual. Y no lo fue. Era, tirando de tópicos, el Sabina roto, desnudo, quebrado. El que podíamos intuir en Lázaro, sí, pero el que poco podíamos imaginar que sería capaz de sacar un disco entero así. Y qué disco

Desde la apertura, con ese Ahora que… tan de mariposas en el estómago, tan poco Sabina (él, siempre apostando más por el fracaso que por el amor, más por la tempestad que por la calma), hasta el cierre, el delicioso vals Noches de boda, todo el disco respira magia, y conforma un brillante mosaico de lo que había sido su trayectoria musical hasta el momento. Estaba el Sabina primerizo, el más rockero, el más canalla, con su nueva princesa, la Barbi Superestar, bajo el brazo; estaba el putero, saliendo más que nunca del armario de la correción política de la mano de la Magdalena; estaban todas las mujeres y ninguna, personificadas en la imposible rubia platino, y también, cómo no, sus fracasos; estaba el estribillo con más piruetas del mundo (19 días y 500 noches). Estaba su ex, la Zubi, Cristina Zubillaga, en la huérfana Cerrado por derribo; y su próxima ex, la argentinita Paola, tan hincha de Boca, con Dieguitos y mafaldas. Estaba, por fin, De purísima y oro, quizá el libro de Historia española más corto del mundo.

No es ningún secreto que lo que viene después es otro cantar. El ictus abre una etapa negra en Sabina, una brecha de la que musicalmente no se ha recuperado ni en Dímelo en la calle (2002), ni en Alivio de luto (2005), ni en Vinagre y rosas (2009). Él mismo confiesa que 19 días… se hizo a golpe de noche, de alcohol, de cocaína. Lo que fuera que llevaba esa chispa, ese plus que colocaba al andaluz a años luz del resto de la clase, se quedó en ese disco, algo que a los sabineros nos duele pero no podemos dejar de ver. Sigue siendo un escritor aventajado, pero el listón permanece intocable desde 1999…

Así que ahora, un millón de discos después y mientras esperamos volver a subirlo, tenemos el premio de la reedición. Apta, por cierto, para todos los públicos, incluso para los que compramos el disco original y nos quedamos absortos en el vaivén de temazos. 12 años después todo sigue sonando igual de bien, así que imagínate si le añades un CD extra (con canciones aparecidas en la edición argentina, el tema inédito Ola de frío, rarezas y versiones con textos alternativos, eléctricas, extendidas o cantadas por Pablo Milanés) y un DVD con un concierto inédito de Sabina que tuvo lugar en el 99 en el pabellón Würzburg de Salamanca, junto con tres vídeo-clips de la época.

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