El All Star Weekend de la NBA, ese fin de semana en el que la mejor liga de baloncesto le enseña al mundo lo fuertes que son, lo mucho que saltan y lo bien que juegan sus jugadores, no es lo que era. Y eso que el concurso de mates, que se llevó el favorito Blake Griffin, fue uno de los más espectaculares de las últimas ediciones. Aquí tenemos una prueba:
Pero el evento sigue siendo algo descafeinado, por mucho que los americanos sean los mejores en esto del show business. Las razones de esta desazón las encontramos en la intensidad de los partidos, tanto en el de las estrellas como en el de Rookies contra Sophomores, convertidos en correcalles donde luce el que más salta o el que más filigranas lleva a cabo. Ni Kobe Bryant (que se llevó cuarto MVP), ni la muñeca de Durant, ni el triple-doble de Lebron James consiguieron que el partido estuviera a la altura de los enormes duelos entre Oeste y Este que la NBA ofrecía, sin ir más lejos, a finales de los 80 o principios de los 90. La victoria, por cierto, se la llevó el Oeste (148-143), por lo que Pau Gasol puede seguir diciendo que nunca ha perdido un All Star Game.
Lo que nunca falla en esta gran cita del basket son las cheerleaders. A ellas les da igual que Kobe meta 37 puntos, que Griffin haga el 360 mejor que los de Microsoft o que Pau Gasol palmee la canasta más importante del partido. Ellas salen, bailan, se lucen, animan al personal y confirman que hacen su trabajo mejor que nadie. Lo mejor del All Star Weekend lleva pompones. Compruébalo.
Lo mejor del All Star lleva pompones
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