Don’t Fuck Up, el juego que debería tener tu bar favorito

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Don’t Fuck Up es un juego sencillísimo a medio de camino entre Pang, el juego de las bolas de colores y de distintos tamaños, y Pong, ese clásico de clásicos en el que dos barras verticales de color blanco jugaban a tenis sobre una pantalla de fondo negro. Tu misión en Don’t Fuck Up es hacer bolas lo suficientemente grandes como para devolver una pelota que va chocando en ellas y sale disparada hacia cualquier dirección, donde otro jugador debe hacer lo mismo. El objetivo es meter goles y evitar que te los metan. Un juego muy elemental, como decíamos, que jamás triunfará por el qué ni por el cómo, sino por el dónde.

Don’t Fuck Up es un título pensado para jugarlo en el bar cuando las cervezas han empezado a hacer un pelín de efecto en nuestra coordinación. Diseñado por Josh Raab, este invento se ha creado para formar parte del bar que está abriendo junto a otros colegas en Nueva York. Funciona a partir de una Grasshopper Round Table, que es la estructura sobre la que se monta el juego, una mesa con superficie táctil (similar al surface) alrededor de la que se sientan los jugadores-bebedores.

Cada jugador puede “inflar” sus bolas, que son las que golpearán a la descontrolada pelota. Cuanto más grandes sean las bolas, más fuerte será el impacto con la pelota. Una vez la has golpeado, la esfera se reduce de nuevo a la mínima expresión. Si no consigues inflar a tiempo la bola, la pelota entrará en tu portería. Un juego a medio de camino entre Pang y Pong que promete amenizar aún más las charlas entre amigos y cervezas. Si nos fiamos del vídeo, el juego es para seis personas. ¿Y dónde se guanta la cerveza mientras juegas? ¡En la boca!

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