Apuntes básicos sobre la alimentación diaria
Las acciones involuntarias que realiza el organismo para digerir los alimentos suponen un gasto calórico. Una manzana aporta unas 50 Kcal (kilocalorías) mientras que su digestión consume unas 150 calorías. Nuestro peso depende de una balanza calórica: por un lado las calorías que ingerimos y en el otro las que gastamos. Estar vivos supone un gasto calórico (elevadísimo), subir escaleras, bajar una parada de metro o bus antes supone un gasto calórico. ¿Principal consecuencias?
Mantenemos nuestro metabolismo activo. Un metabolismo lento gasta menos energía, un metabolismo más activo, tiene un gasto energético mayor. Cuando un sujeto realiza pocas comidas a lo largo del día, su metabolismo se adapta y se ralentiza. Esto no interesa, como ya hemos dicho su gasto será inferior pero sus necesidades continuarán siendo las mismas. En consecuencia, la balanza se declinará del lado de la ingesta, es decir, con el tiempo engordará.
Comer más veces a lo largo del día ayuda a que las ingestas no sean tan abundantes. Esto quiere decir que no llegarás a las comidas con tanta sensación de hambre. ¡Este es un punto a tener muy en cuenta al principio! De lo contrario, si continúas comiendo las cantidades habituales, no tendrás hambre a la hora de la siguiente ingesta.
Por lo tanto, el reparto de las comidas podría ser el siguiente: desayuno + ingesta a media mañana + comida + "merienda" + cena. ¿Qué ingestas son las más importantes? ¿Por qué no tengo hambre cuando me levanto? ¿Qué soluciones existen? Pasa la página...
Desayunos y cenas para mantenernos en forma
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