La cara B: Johan van Summeren

La cara B: Johan van Summeren

Van Summeren es un ciclista belga que tras ganar la clásica Paris Roubaix tuvo la idea de pedir matrimonio a su chica. Todo esto repleto de barro y con el cuerpo destrozado… Y claro, ella dijo que sí.

El mundo del ciclismo tiene multitud de anécdotas e historias dignas de admirar. Un deporte en el que la fuerza de voluntad y el espíritu de superación están más que presentes. Una disciplina en la que tienes que ser de otra pasta. Y precisamente nuestro protagonista lo es. El bueno de Johan Van Summeren es todo un tallo (mide 1,97) que ha entrado en la historia del ciclismo por la puerta grande al vencer la mítica Paris-Roubaix. Sin lugar a dudas, una de las carreras más duras del mundo, en las que las condiciones son las de antaño: adoquines, barro y muchas, muchas piedras.

Todo comenzó en París. Los valientes que tomaron la salida en la capital francesa eran conscientes de que les iba a deparar un día duro. Para cruzar la meta, debían superar 258 kilómetros. Pero claro, cuanto más extremo, más les gusta. Y es que en el trayecto de la carrera los ciclistas tuvieron que atravesar complicadas carreteras de tierra, resbaladizos adoquines, tramos con piedras que te machacan los brazos por el rebote del manillar… Vamos que no es como un día en el balneario.

El premio al ganador es una piedra (como si no hubieran tenido ya bastante). Pero así es el ciclismo puro. Los mejores especialistas del momento se dieron cita en “El Infierno del Norte”. El favorito era el suizo Fabian Cancellara. Pero Van Summeren dio la sorpresa y atacó a 15 kilómetros del final.

El belga había preparado concienzudamente esta carrera y soñaba con una victoria para la historia. Y claro, algunos sueños se hacen realidad. Johan Van Summeren llegó al velódromo de Roubaix en solitario y cruzó la meta con una rueda pinchada. Exhausto y con barro hasta en los ojos celebró la victoria como quien se convierte en eterno. Todo muy natural, sin gestos para la galería ni dedicatorias ensayadas. El tío ganó, se bajó de la bicicleta como pudo y se arrodilló ante su novia. Sacó del mallot un anillo de compromiso y le pidió matrimonio. Esto es amor… Esto es ciclismo.

Paris-Roubaix

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