Mel Brooks y sus once dedos se quedan con nosotros

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Puede que Mel Brooks lleve años muy tranquilito, pero eso no quiere decir que a este genio del humor que lleva haciendo las delicias de muchos de nosotros desde hace más de cuarenta años haya dicho ya su último chiste. Y es que recientemente pudimos verlo en el clásico Teatro Chino de Grauman, lugar especial en su filmografía debido a ese delirante final que pudimos ver esa parodia a la historia de Estados Unidos que es Sillas de montar calientes (no os diremos el motivo en caso de que no hayáis visto la película, por lo que id YA a verla si tenéis un mínimo de gusto por la comedia).

En tal insigne lugar apareció Brooks el 8 de septiembre para ser condecorado con por muchas estrellas de cine debido a su insigne tarea en el campo de la comedia (con esa obra maestra que es El Jovencito Frankenstein todos los halagos posibles son pocos). ¿Y qué es lo que hizo el director, humorista y actor para dejar al público patidifuso? ¿Contar alguna anécdota de sus rodajes? ¿Dejarles KO a base de chistes? Nada más lejos de la realidad: Estampar junto a su autógrafo la marca de las suelas de sus zapatos y de sus once dedos. Sí, habéis oído bien, once dedos.

Y no, no es que este personaje tenga ninguna extraña mutación ni nada por el estilo, sino que haciendo gala de uno de sus clásicos gags y trucos visuales, Brooks se plató en la ceremonia con una prótesis que le añadía un sexto dedo con el que cachondearse del personal durante gran parte de la gala.

¿Habrá sido este el último chiste de Mel Brooks o volveremos a verlo dando la nota en futuros eventos? Nosotros seguimos apostando por su “vis cómica”.

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