No trasplantes, tatúa

No trasplantes, tatúa

En esa lucha constante del ser humano por tener una buena apariencia física, el hombre se encuentra con un enemigo feroz capaz de traumatizar al mismísimo Nicholas Cage: la calvicie.

Llega un momento en la vida de los hombres en que las palabras “coronilla” y “entradas” empiezan a golpear con insistencia a la puerta de su autoestima. La calvicie afecta de forma distinta según la edad del que la sufre, pero en líneas generales a nadie le gusta quedarse calvo. Por eso, desde hace tiempo nos dejamos parte del sueldo en champús anticaída, tónicos y todo tipo de tratamientos antes de recurrir a los trasplantes, que posiblemente acaben con nuestro dinero antes de que se nos caiga todo el pelo. Conclusión: si eres calvo y pobre, o al menos lo suficientemente pobre como para no invertir tu dinero en trasplantes, la única opción que te queda es pasarte la cuchilla de afeitar y lucir orgulloso tu cabeza pelada. A muchas mujeres les gustan los calvos… o eso dicen.

Desde hace poco más de un año, existe una alternativa innovadora, mucho más barata y, encima, permanente: tatuajes. Y es que la mejor forma de que no se te vuelva a caer el pelo… es que te lo pintes. Para conocer el origen de esta idea tenemos que viajar al Reino Unido para visitar a Ian Watson, que con 25 años, tras la muerte de su hermano y como consecuencia del estrés, desarrolló alopecia. Descontento con su imagen, le pidió a la mujer de su hermano, Ranbir Rai-Watson, que le pintara varios puntos con un bolígrafo en su cuero cabelludo, simulando el pelo que había perdido. Funcionó. Aquella idea embrionaria motivó varias investigaciones, entrenamiento y duro trabajo con tatuadores y expertos en pérdida de cabello, hasta que desarrollaron una técnica de camuflaje de la calvicie utilizando tinta.

MHT

Esa técnica se conoce hoy como MHT (Micro Hair Technique) Scalp Pigmentation y se lleva a cabo en HIS Hair Clinic, una red de clínicas fundada por Ian Watson y Ranbir Rai-Watson que recientemente abrió una nueva sede en Manchester y que ya ha metido un pie en Estados Unidos. Y es que la calvicie no entiende de nacionalidades, pero sí de bolsillos: no es lo mismo gastarse 40 mil que 3 mil dólares en un tratamiento. Y el resultado, como véis, es bastante satisfactorio…

Después del tratamiento
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