Diez años. El 23 de abril se cumplió una década del estreno de Gran Hermano, el reality show de más éxito de la televisión en nuestro país. La casa, ubicada en la primera edición en Soto del Real, se mudó a Guadalix de la Sierra y ha visto como desfilaban por sus pasillos más de un centenar de concursantes repartidos en doce ediciones. Muy lejos queda la inocencia de los primeros grandes hermanos, la victoria de Ismael Beiro, el famoso quién me pone la pierna encima o el pacto que trastocó los planes del concurso.
Pero en Gran Hermano hay cosas que no cambian. Da igual si entra un albañil, una peluquera, un empresario, un cantante o un abogado, el concurso no falta a su cita anual con las discusiones, peleas, expulsiones y romances. No hay edición sin gritos o edredoning. Nunca faltan los pactos. Ni Mercedes Milá, que sólo se ha perdido una edición (la de Pepe Navarro).
Otro de los vicios comunes del concurso, posiblemente el que más nos gusta, es el desnudo de las concursantes una vez finalizada su participación. A cambio de una generosa recompensa por parte de Interviú, las chicas enseñan sus encantos con más (Cristal) o menos (Chiki) gracia. Una década de desnudos que ha dado para mucho...
Grandes Hermanas, mejores desnudos
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