Tony Picard, un running back de 180 kilos

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Mis conocimientos de fútbol americano llegan para saber que el running back juega en una posición ofensiva y que entre sus funciones está, en líneas generales, la de ganar yardas una vez se cruza la línea de scrimmage, donde aguarda una buena representación del equipo que defiende. Esos escasísimos conocimientos también dan para reconocer que Tony Picard, un running back de 1,90 metros de alto y 181 kilos de peso, no encaja en el perfil de los jugadores que ocupan esa posición. Baste la imagen sobre estas líneas para comprobar sus impresionantes dimensiones.

Un tipo que pesa 180 kilos no puede ser muy rápido, pero sí extremadamente difícil de detener en carrera. Eso es lo que debe pensar el entrenador de Tony Picard, un jugador de fútbol americano de la White Swan High School de Yakima (Washington) que no sólo es el running back más grande de la Liga, es que posiblemente es el tipo más inmenso que ha jugado jamás a este deporte a nivel profesional. Para encontrar un caso similar hace falta remontarse a los años 90 de la NFL, cuando jugaba William Perry, apodado The Refrigerator porque su tamaño era similar al de una nevera. Perry medía casi lo mismo que Picard (1,88 metros), pero sus 150 kilos están muy lejos de los 181 que pesa la sensación del fútbol universitario.

Tony Picard empezó su carrera en este deporte como offensive lineman, una posición que le permitía explotar su tamaño, pero su entrenador no tardó en reconvertirlo en running back cuando vio que, aparte de corpulento, Picard no era demasiado lento. El coach le encomendó una doble misión: correr 4 yardas por carreras y no dejar caer el balón. Y no le está yendo nada mal, ya que en los diez primeros partidos de la Liga, Picard promedia 5 yardas por carreras. Además, su presencia como running back obliga a que el equipo defensor tenga que emplear tres o cuatro hombres para tumbarlo, ya que no es fácil parar esos 181 kilos cuando cogen algo de velocidad. Total, que la presencia de Picard no sólo se valora por su trabajo individual, también por la libertad que le proporciona al resto del equipo.

El running back más grande del fútbol americano suele correr unas 90 yardas y promedia algo más de un touchdown por partido, aunque él prefiere hablar del mérito del equipo, que ya ha asegurado la primera posición en su división. Viendo sus partidos, más de uno podría pensar que un adulto se ha colado en un partido de alevines…

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